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VIERNES, 4-3-2005

 

 

  Reportaje

El colegio más monumental

La Congregación de Adoratrices, fundada por María Micaela de Demasières, cuya familia fue benefactora de Guadalajara, cumple tres lustros de existencia

Blanca Corrales

Foto: El arquitecto Velázquez Bosco diseñar esta serie de edificios que aún hoy vemos en el complejo de Adoratrices

Al final del paseo de San Roque, en un complejo monumental tan grandioso en sus dimensiones como en aspecto, que deja boquiabiertos a cuantos lo contemplan, se encuentra el colegio Niña María, uno de los siete centros concertados de la capital, regido por la Congregación de Adoratrices.  

Es una de las herencias de María Diega Desmaisières, condesa de la Vega del Pozo y duquesa de Sevillano, en tierras de la Alcarria, en una finca que en su día llegó a sumar hasta 50 hectáreas, aunque ahora, con la presión urbanística y las cesiones, apenas si ha quedado reducida a un par de ellas.  

El complejo fue construido por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, a finales del siglo XIX, el mismo arquitecto que realizó entre otros monumentos el Palacio de Cristal del Retiro, el edificio que hoy ocupa el Ministerio de Agricultura, o el propio palacio de la condesa-duquesa, en el centro de Guadalajara, en lo que hoy es otro colegio concertado, el de los Hermanos Maristas.  

Tal y como narra el cronista provincial, Antonio Herrera Casado, este complejo se alzó como Escuela-Modelo y Asilo, con un gran un gran panteón para acoger los restos de toda su familia, y los suyos propios, y una iglesia conmemorativa de su tía, la santa de la familia, Santa María Micaela. Ésta fue precisamente la fundadora de la Congregación de Adoratrices, en 1856, por lo que estas religiosas cumplen ahora su 150 aniversario, con gran fiesta. Aunque la santa es de origen madrileño, pasó largas etapas de su vida en su residencia en Guadalajara.  

La labor inicial de las Adoratrices consistió a socorrer a las mujeres de mala vida, tarea que todavía se realiza en otros centros de la congregación, junto a programas de atención otros colectivos marginados.  

Ochenta años de colegio  

Sin embargo no fue hasta septiembre de 1926 cuando comenzó la andadura escolar del colegio “Niño María” y sólo un año antes habían llegado a la capital alcarreña las primeras religiosas de este Instituto de vida consagrada, que en principio estaba dedicado a socorrer a las mujeres de mala vida y que luego se volcó en la enseñanza, en un colegio exclusivamente femenino, que no recibió aulas mixtas hace escasos años.  

Como anécdota basta reseñar que junto a la labor docente, el complejo ha sido casa de acogida, asilo e incluso estación de desinsectación durante la guerra civil, en la que se despiojaba, en menos de dos horas a un batallón entero.  

La actual directora del colegio, la hermana Julia Vindel, que fue alumna de la promoción del 56, recuerda que el colegio, hace cincuenta años tenía una estructura muy diferente, con noviciado, una amplia zona de internado, colegio apostólico gratuito y sobre todo amplios huertos. Ahora la finca es mucho más reducida pero esta hermana confiesa que “en el fondo estamos contentas, porque con ello se ha acercado la ciudad hasta nosotras, que antes nos encontrábamos muy aisladas. Ha sido una reforma obligada por planes urbanísticos, pero estamos conformes.”  

Esta directora no cree que sea ningún inconveniente el hecho de que la docencia, con cerca de 800 alumnos en la actualidad, se desarrolle en un monumento de esta categoría y dimensiones. “En realidad el acceso turístico queda limitado al Panteón y no suponen grandes inconvenientes”.  

Aquí se imparte todos los grados de educación, de Infantil a Bachiller, aunque éste último, así como un aula de infantil, no son concertados, sino privados.  

La congregación ha cautivado a varias alumnas de distintas generaciones que decidieron dedicarse a la vida consagrada y “adoratrices”, nacidas o instruidas en Guadalajara hay por todo el mundo. Actualmente, la congregación cuenta con alrededor de 1.750 religiosas, repartidas por los cinco continentes, en un total de 178 casas.

 

Medio siglo de recuerdos

Entre estas dos imágenes, una en sepia y otra a color, dista medio siglo de existencia, de modo que quienes antaño eran escolares, hoy son incluso abuelas. El reencuentro fue posible por el empeño de Marisa García y Mª Carmen González para contactar con sus antiguas compañeras en una fiesta celebrada el pasado sábado 26 de febrero.Al reencontrase con sus aulas la primera sensación que todas manifestaban en voz alta es, “yo a recordaba mucho más grande”. Pocas se resistieron a la tentación de volver a ocupar su pupitre, ahora más moderno, al tiempo que recordaban la vieja tarima de madera, ahora solo reservada para la mesa de la profesora y que antes ocupaba todo el bajo del encerado.

Así eran las “chicas de Adoratrices”
Foto: Así son hoy

Recuerdo aquel “vistoso” uniforme negro, con cuello de plástico blanco. Nos duraba años y años... y cuando el negro se ponía pardo, pues a teñir... o a darle la vuelta.  

Este es un de los emocionados apuntes que las ex-alumnas del Colegio Niña María, de promociones de hace 40, 50 años y más, rescataban de la memoria, para la exposición que completó el encuentro celebrado entre más de 80 “adoratrices”, el pasado sábado, 26 de enero.  

Así hace la remembranza de aquellos años María de la Paz García Saboya:  

“ La entrada al cole con el arriba España y los buenos días madre. Luego Religión, mate, lectura rápida creo que la llamábamos, mecánica, lectura del “Ya” (que había que comprarlo una vez a la semana cada una). La salida del cole con la música de fondo de Aida tocada al piano por la madre Micaela. Las tardes de mayo con los rezos y las flores y porque no, con algún topo, peyas creo que lo llaman ahora. El juego de los alfileres al pu y al ka, con el que yo tanto me entretenía, los cumpleaños de la madre superiora con aquel bollo que nos daba, el teatro, los ejercicios espirituales y la época en que casi todas queríamos ser monjas...”  

Otra de las alumnas recuerda aquellos desayunos con la leche en polvo americana. “Nos llevábamos un taleguillo de tela con un vaso. Unas acompañaban la leche con colacao y otras con “chocolate tallado”. Por las tardes nos daban un triángulo de queso amarillo. Era un regalo de los americanos...decían... Para luego instalarnos las bases.”  

El frío, también forma parte de esos recuerdos de antaño. “Unas combatían el frío con bolsas de agua caliente, otras con latas llenas de ascuas y nada de leotardos, pantalones o calefacción”. También está el recuerdo golfo del terraplén: “A la salida del colegio había un terraplén y nos tirábamos por él. Para amortiguar el golpe poníamos de colchoneta los abrigos de todas, ¡pobres abrigos! y eso que nos tenían que durar años”. ¿Porqué tantos recursos después de 40 o 50 años?. Las alumnas sentencian que lo que se aprende de raíz nunca se olvida del todo.


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