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VIERNES, 25-11-2005
  A Fondo

El desierto poblacional, espejo de Siberia
En la provincia, hay 60 pueblos que tienen menos de 50 habitantes, muchos cuentan con unos 20 vecinos. La mayoría de ellos se encuentran en la Sierra Norte y en el Señorío de Molina. La Junta estrenó consejería de Desarrollo Rural en la última remodelación de Gobierno, en septiembre de 2005, con la que pretende paliar el problema de despoblación que sufre la comunidad.

Laura Rincón

A bote pronto, no se puede comparar la Sierra Norte o el Señorío de Molina con Siberia, aunque en estas zonas el invierno sea duro, no alcalza las gélidas temperaturas de la región rusa. Tampoco coinciden en vegetación, fauna ni costumbres. No obstante, hay algo en lo que sí que son equiparables: la bajísima densidad de población que contabilizan. Por ejemplificar, la Sierra Norte incluye 83 pueblos que ocupan una superficie de 3.341 kilómetros cuadrados y su densidad de población es la exigua cifra de 4 habitantes por kilómetro cuadrado.En el Señorío de Molina, es aún peor: por cada kilómetro cuadrado viven 3 personas.  

Si seguimos con el análisis, el panorama no mejora, porque la poca población que aún resiste en el pueblo está envejecida. Sólo 12 de cada 100 son menores de 20 años. Las edades comprendidas entre los 20 y los 60 años agrupan al 44% de la población. Al sumar estas cifras, comprobamos que sobrepasan por los pelos la mitad, es decir, que lo que queda, un 43% es el colectivo de mayores de 60 años.  

Acción local  

Como la situación no es algo coyuntural, sino que avanza y se extiende como un virus por todas las zonas rurales –excepto por el Corredor–, se comenzaron a desarrollar varios programas de acción local, que gestionan los proyectos de desarrollo rural. Hay cuatro: comunidad Real Señorío de Molina y su Tierra, Asociación para el Desarrollo del Sur de Guadalajara, Asociación de Municipios Ribereños de los Embalses de Entrepeñas y Buendía y Asociación para el Desarrollo Local Sierra Norte.  

Es evidente que el abandono que sufren estas localidades obliga a buscar medios que afiancen a la población y, por qué no, que atraigan a nuevos pobladores. Uno de los principales inconvenientes con que cuentan es la falta de infraestructuras y servicios. El medio rural debe crear, consolidar y mejorar sus actuales vías de comunicación, servicios sanitarios y escolares. No obstante, donde se está haciendo mayor hincapié es en la vivienda.  

En las jornadas que ADEL Sierra Norte celebraba hace apenas 15 días, se resaltaba la importancia de aplicar políticas municipales de vivienda, puesto que son el instrumento idóneo para conseguir el crecimiento demográfico, por un lado, y por otro, el avance económico.  

Ya en la campaña pre-electoral para el gobierno regional, el candidato popular, Adolfo Suárez Illana, destacaba la necesidad de acometer políticas de desarrollo rural para “evitar la desaparición de los pueblos”, como uno de los ejes principales de la política del PP. Los socialistas no le daban importancia. Sin embargo, se han visto obligados a reaccionar.  

Así, el Gobierno regional ha creado la consejería de Desarrollo Rural, que junto a la de Vivienda, están llevando a cabo estudios que permitan desarrollar proyectos efectivos para conseguir afianzar población: subvenciones de acceso a vivienda mediante ayudas directas, reserva de suelo para viviendas de promoción pública y dotar de equipamientos y servicios básicos que garanticen una óptima calidad de vida.  

Puntos fuertes y flacos  

A pesar de que sobre el papel ya se ha empezado a trabajar, existen varios puntos flacos que corregir. A saber: escaso parque inmobiliario en las zonas rurales (hay pocas casas y las que están disponibles se encuentran en condiciones no muy habitables), no disponen de políticas de ordenación territorial (porque no las necesitaban, hasta ahora) y, sobre todo, pocos empleos competitivos y diversificados.  

Es verdad que en las zonas rurales cuentan con ciertas ventajas: las viviendas, una vez que se encuentran, son mucho más grandes; hay mayor estabilidad en el trabajo (cuando se consigue un empleo está garantizado que sea por muchos años) y existe una posibilidad real de convertirse en autónomo y ser tu propio jefe.  

Por otra parte, sería bueno que se empezase a cambiar el sentido de las migraciones internas, es decir, las que se hacen dentro de la provincia o desde otras, en el sentido de que la mayoría de los que cambian de residencia se establecen a lo largo del Corredor del Henares, que está creciendo tan rápido que presenta muchos problemas también. Aquí nos encontramos “Los 7 más poblados”: Azuqueca con 23.101 habitantes; Cabanillas del Campo, 6.450; Alovera, 5.636; El Casar, 5.588; Marchamalo, 4.548; Villanueva de la Torre, 4.425 y las futuras 9.000 de Yebes (ampliables a 35.000 personas en sucesivas fases), sin contar Guadalajara (71.815). Un cambio en el flujo migratorio mejoraría las zonas despobladas y, por supuesto, también las masificadas.

 
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“Lo hicimos porque no sabíamos que era imposible”
El matrimonio compuesto por Bárbara Cuervo Rieger y Marino Barrios Simón se han trasladado a Sienes para montar su propio negocio: un restaurante que está siendo “como un embarazo”

“Se requiere cierta filosofía de vida y pensar que hay margen para para hacer las cosas de otra manera”. Así resume Bárbara Cuervo lo que les movió a ella y su marido, Marino Barrios, a trasladarse a Sienes (en la Sierra Norte, muy cerca de la frontera con Soria) desde Madrid, un pueblo de “34 habitantes fijos y 75 en los fines de semana, durante todo el año” dice con énfasis Bárbara.  

Ninguno de los dos tenía relación con la provincia. Marino nació en Cuenca, pero ha vivido siempre en Madrid. Por su parte, Bárbara nació en Barcelona “soy medio alemana, mi familia materna es de Alemania”, explica, pero ha vivido desde hace más de 20 años en Madrid. Fue a través del alcalde de la localidad, que era compañero de trabajo de Bárbara, como supieron de la existencia de Sienes. “Vinimos en febrero de 2004 al pueblo, hacía un frío intensísimo, ¡las casas tenían estalactitas!, pero había un agradable olor a leña y, sobre todo, la gente nos convenció desde el primer momento. Son originales, tolerantes, abiertos, emprendedores, realmente increíbles” enumera Bárbara.  

Mayor calidad de vida  

Es verdad que la semilla de una idea de marcharse a vivir al campo siempre había estado en la mente de esta simpática mujer, pero hay cosas que les retuvieron a ella y su marido, “los hijos, que piensas que tendrán más posibilidades en la ciudad. Pero luego, vienes aquí y te encuentras con que no es exactamente así. Por ejemplo, los niños aquí tardan 30 minutos en llegar al colegio, mis hijos tardaban hora y media, ¡viviendo en Madrid!”.  

Y es que no se cansa de repetir que ha ganado en calidad de vida “tengo más libertad, dispongo de mi tiempo y sobre todo, del espacio. En la ciudad, hemos estado muchos años sufriendo para llegar a fin de mes, perdiendo tiempo en atascos, mucho ruido, bullicio, cláxones, sirenas...” expone con vehemencia Bárbara, que añade “hay quien dice que no posibilidades de ocio y cultura, pero la verdad es que en Madrid estábamos siempre tan ocupados y los espectáculos son tan caros que al final, no ibas nunca. No lo echo de menos en absoluto.”  

Nueva vida y negocio  

Tras vender su vivienda en la capital española, han invertido su capital en “ayudar a que los hijos se independicen, que con los precios de las viviendas, necesitaban mucha ayuda” afirma y, el resto, “para montar un restaurante.” Al principio, la idea era montar una casa rural y el restaurante, “porque mi marido es cocinero”, pero al final, “el dinero no da para más”. Se han encontrado con algunos obstáculos: “hay una cantidad de papeleo que abruma, cada organismo te da informaciones contradictorias. La dinámica administrativa es realmente difícil, menos mal que con la ventanilla única dicen que lo han simplificado, no puedo ni imaginarme cómo era antes.”  

Bárbara explica cómo están haciendo su casa y restaurante “es igual que un parto, con los miedos y las incertidumbres y cuando nazca, hay que seguir criándolo” dice riéndose. Y añade, “cuando terminemos la obra voy a poner en un cartel en la puerta: Lo hicimos porque no sabíamos que era imposible” afirma entre risas y continúa “necesitas ayuda, que nos la han dado, aunque muy poquita comparado con lo que hemos invertido, pero tenemos mucha ilusión y todos nos han acogido tan bien que todo merece la pena.”

 
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Proyecto Aner 2001 o cómo conseguir habitantes rurales

¿Qué es Aner 2001? Es el programa que desarrolla la Universidad de Alcalá de Henares en colaboración con la Asociación para el Desarrollo Local de la Sierra Norte de Guadalajara, ADEL- Sierra Norte, dentro del marco del programa europeo LEADER II. El proyecto daba sus primeros pasos en 2001, cuando se iniciaba la primera fase de diagnóstico y análisis de los municipios incluidos en el proyecto. El objetivo: ofrecer nuevas posibilidades de desarrollo para la zona, frenando la tendencia regresiva que amenaza la existencia de muchos de estos municipios.  

En la primera fase, se diseñó una página web donde se explicaba el proyecto, se contactó con medios de comunicación para hacer público el proyecto y se empezó a localizar a potenciales neorrurales.  

Una vez concluida la primera fase, el año pasado comenzó la segunda, donde se comenzaron a aplicar las medidas que permitían los asentamientos en diferentes localidades. Es decir, se estudia individualmente cada caso de gente que quiera vivir en un pueblo con los recursos que se le ofrecen. De momento, han conseguido seis asentamientos reales, pero hay otros 23 potenciales. Parecen pocos, pero está claro que  

son de una inestimable importancia.

 
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No sólo turismo rural
Javier Royo y Patricia Izarra trasladaron hace cuatro años su estudio de diseño Royo+Izarra de Bilbao a Sigüenza, desde donde trabajan para toda España

Ya son casi unos veteranos, puesto que llevan cuatro años viviendo y trabajando en Sigüenza. Javier Royo y Patricia Izarra trabajaban en Bilbao, donde habían fundado su estudio de diseño, Royo+Izarra, pero un buen día cogieron los trastos y se trasladaron a la ciudad mitrada.  

“Cuando decidimos trasladarnos, buscamos en pueblos cerca de Madrid, pero nos fuimos alejando, hasta que nuestro amigo Luis Sardá, que también es diseñador, nos habló de Sigüenza y decidimos quedarnos aquí” explica Javier.  

Los motivos que les animaron a trasladarse al pueblo fueron, “por un lado, la salud de Patricia, que necesitaba un clima más seco y, por otro, que nosotros teníamos muchos clientes de Madrid y Sigüenza está cerca y bien comunicado” afirma Javier. Aunque añade que el cambio no ha supuesto bajar el ritmo de trabajo. “Todo el mundo se piensa que llegas al pueblo y trabajas menos, pero no es así, nosotros seguimos un horario prácticamente igual que el que teníamos antes” explica Javier.  

Este ritmo y su habilidad es lo que les ha colocado en los primeros puestos del diseño, no sólo a nivel regional, donde han quedado finalistas de los premios a los mejores diseñadores de Castilla- La Mancha, sino también a nivel nacional, puesto que trabajan en muchas campañas que se distribuyen en toda España.  

No sólo turismo rural  

El hecho de que trasladasen su negocio no les ha supuesto bajar el nivel ni el rendimiento y además, demuestran que no todo es turismo rural. “Desde el pueblo hay muchas posibilidades de trabajo, sobre todo en estos trabajos que se pueden hacer desde casa, el teletrabajo.  

Y es que Internet te hace ganar tiempo. por otra parte, en el pueblo, ganas espacio, porque nosotros hemos pasado de vivir en un piso de 60 metros a tener una cas de dos plantas enorme que integra la vivienda y el estudio. Es genial” expone vehemente Javier.  

Aunque este ilustrador y diseñador también señala que vivir en Sigüenza no es exactamente igual que vivir en un pueblo más pequeño, “esto es casi como una mini ciudad, dispones de muchas cosas que no tiene un pueblo pequeño, como el tren, por ejemplo.”  

Adaptándose  

No obstante, el cambio no fue agresivo ni traumático. Ante la pregunta de si encuentra algo negativo, se queda pensativo y al rato dice “se echa de menos el cine”, pero se para, recapacita y entre risas afirma “en realidad, no echo nada de menos. Aquí, me voy a montar en bici, vemos los paisajes, el campo, disfrutamos de la enorme riqueza que hay en Guadalajara” y añade “lo que sí he notado es que aquí la gente no reivindica lo que tiene, son más conformistas, pero eso claro, depende de la cultura de cada sitio”.  

A este respecto, apunta que cuando te marchas a vivir a otra parte, descubres que cada pueblo tiene su idiosincrasia, por ejemplo, cuenta “unos amigos viven en un pueblo mucho más pequeño que Sigüenza y les cortaron el agua sin avisar, entonces, ellos trataron de que llenasen el depósito para tener algo de agua y los del pueblo no lo entendían, ellos tienen sus propios recursos. Hay que aprender cada día.”

 
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